El Niño se fortalece y altera la temporada de huracanes en el Atlántico
El fenómeno climático ganó intensidad durante septiembre y podría alcanzar niveles históricos hacia finales de 2026. Su influencia está generando condiciones desfavorables para la formación de huracanes en el Atlántico, mientras los especialistas mantienen la atención sobre sus posibles efectos durante los próximos meses.
El fenómeno de El Niño continúa fortaleciéndose en el océano Pacífico ecuatorial y comienza a dejar señales cada vez más evidentes sobre el comportamiento del clima global. Uno de sus impactos más notorios durante 2026 está ocurriendo en el Atlántico, donde la temporada de huracanes presenta una actividad considerablemente inferior a los valores habituales.
Los últimos análisis de la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos (NOAA) indican que El Niño seguirá intensificándose hacia finales del año y existe una probabilidad superior al 90% de que alcance la categoría de evento muy fuerte durante el otoño e invierno del hemisferio norte 2026-2027.
La evolución registrada durante septiembre reforzó además la posibilidad de encontrarse frente a un episodio excepcional.
Para el trimestre comprendido entre octubre y diciembre de 2026, NOAA calcula una probabilidad del 75% de que El Niño alcance una intensidad que supere los episodios anteriores dentro del registro utilizado desde 1950.
Por qué El Niño afecta a los huracanes del Atlántico
Aunque El Niño se desarrolla sobre las aguas tropicales del Pacífico, sus consecuencias pueden extenderse a diferentes regiones del planeta mediante modificaciones en la circulación atmosférica.
En el Atlántico, uno de sus principales efectos es el aumento de la denominada cizalladura vertical del viento, es decir, cambios en la velocidad y dirección del viento a diferentes alturas de la atmósfera.
Este comportamiento dificulta que las tormentas tropicales consigan organizarse y fortalecerse hasta convertirse en huracanes. Por ese motivo, históricamente los episodios fuertes de El Niño están asociados con temporadas menos activas en el Atlántico.
El fenómeno puede producir el efecto contrario sobre sectores del Pacífico oriental y central, donde las condiciones pueden resultar más favorables para el desarrollo de ciclones tropicales.
Una temporada 2026 por debajo de lo normal
La evolución observada llevó a NOAA a actualizar durante agosto su pronóstico para la temporada de huracanes del Atlántico.
El organismo estableció una probabilidad del 75% de que 2026 termine con una temporada por debajo de lo normal, frente a un 20% de posibilidades de una actividad cercana al promedio y solamente un 5% de probabilidades de una temporada superior a los niveles normales.
La proyección contempla entre 7 y 13 tormentas con nombre durante toda la temporada.
De ese conjunto, entre 2 y 6 podrían alcanzar categoría de huracán, mientras que hasta 2 podrían transformarse en huracanes mayores, aquellos que alcanzan categoría 3 o superior.
Como referencia, una temporada promedio en el Atlántico produce alrededor de 14 tormentas con nombre, siete huracanes y tres huracanes mayores.
La temporada oficial comenzó el 1 de junio y se extenderá hasta el 30 de noviembre, por lo que todavía quedan dos meses de actividad potencial.
Septiembre dejó una señal fuera de lo habitual
La escasa actividad ciclónica registrada durante buena parte de la temporada llamó particularmente la atención de los meteorólogos.
El fortalecimiento de El Niño generó condiciones atmosféricas hostiles para el desarrollo tropical precisamente durante el período en el que históricamente se concentra buena parte de la actividad del Atlántico.
NOAA explicó que las condiciones de El Niño emergieron durante junio y continuaron fortaleciéndose durante los meses posteriores. El fenómeno incrementa la cizalladura del viento y dificulta tanto la formación de tormentas tropicales como su posterior intensificación.
Los especialistas también observan otros factores, entre ellos las temperaturas del océano Atlántico y el comportamiento del monzón de África occidental.
Sin embargo, a medida que El Niño aumenta su intensidad, su influencia pasa a ocupar un papel predominante sobre la actividad ciclónica del Atlántico.
El Niño podría alcanzar una intensidad histórica
El último diagnóstico del Centro de Predicción Climática de NOAA mostró anomalías superiores a 3 °C en la temperatura superficial del océano en sectores del Pacífico ecuatorial oriental.
En la región conocida como Niño 3.4, uno de los indicadores utilizados para seguir la evolución del fenómeno, la anomalía llegó a +1,8 °C, mientras que en Niño 1+2 alcanzó los +3,4 °C.
Los científicos también detectaron temperaturas significativamente superiores a lo normal debajo de la superficie del Pacífico ecuatorial.
El conjunto de indicadores oceánicos y atmosféricos llevó a NOAA a concluir que el sistema refleja un El Niño en proceso de fortalecimiento y que continuará intensificándose hacia finales de 2026.
La perspectiva resulta particularmente relevante porque el organismo calcula una probabilidad superior al 90% de alcanzar un episodio muy fuerte durante los próximos meses.
Además, la posibilidad del 75% de superar entre octubre y diciembre la intensidad de anteriores eventos del registro desde 1950 coloca al actual fenómeno bajo especial seguimiento científico.
Una temporada tranquila no elimina el riesgo
Una menor cantidad de huracanes en el conjunto de la temporada no significa que las zonas costeras estén libres de peligro.
NOAA advierte que sus proyecciones estacionales permiten estimar la actividad total de la cuenca del Atlántico, pero no pronostican dónde tocará tierra una tormenta determinada.
La trayectoria y eventual llegada a tierra de cada ciclón depende de patrones meteorológicos de corto plazo que pueden anticiparse con mucha menos antelación.
Por ese motivo, incluso durante una temporada estadísticamente menos activa, una única tormenta puede generar consecuencias significativas sobre una región determinada.
Qué puede ocurrir durante los próximos meses
El comportamiento de El Niño continuará bajo seguimiento durante octubre y el resto de 2026.
Los modelos analizados por NOAA indican que el fenómeno seguirá fortaleciéndose hasta finales del año. Si las proyecciones se cumplen, podría convertirse en uno de los episodios más intensos observados desde que comenzaron los registros utilizados actualmente.
Su influencia no se limita a los huracanes. El Niño modifica patrones de temperatura y precipitaciones en distintas regiones del planeta, aunque sus efectos concretos dependen de la ubicación geográfica y del momento del año.
Por ahora, uno de los efectos más claros de 2026 se observa sobre el Atlántico: el fortalecimiento del fenómeno está aumentando la cizalladura del viento y contribuyendo a limitar el desarrollo de ciclones tropicales en una temporada que NOAA mantiene clasificada como probablemente por debajo de lo normal.
El próximo informe diagnóstico oficial sobre El Niño está programado para el 8 de octubre, cuando NOAA actualizará la evolución del fenómeno y las probabilidades para los próximos meses.