Canadá acelera su giro hacia Europa ante la presión de Trump: busca una alianza estratégica con la Unión Europea

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El gobierno de Mark Carney intenta reducir la dependencia económica de Estados Unidos y profundizar sus vínculos comerciales, energéticos y de defensa con Europa. Bruselas respondió con una propuesta inédita: analizar una eventual figura de “miembro asociado” para Canadá, aunque dentro de la UE existen dudas sobre el alcance que debería tener el acercamiento.

La relación entre Canadá y Estados Unidos atraviesa uno de sus momentos más tensos en décadas y el gobierno de Mark Carney está acelerando una estrategia de diversificación que tiene a Europa como uno de sus principales destinos.

Las nuevas tensiones comerciales con la administración de Donald Trump, que incluyen aranceles y amenazas sobre el vínculo bilateral, llevaron a Ottawa a buscar alternativas para reducir su histórica dependencia del mercado estadounidense. En ese contexto, la Unión Europea aparece como un socio cada vez más relevante.

Carney definió el objetivo como una “alianza única” con la Unión Europea, aunque aclaró que Canadá no pretende convertirse en miembro pleno del bloque. La propuesta contempla profundizar la cooperación en comercio, inversiones, energía, minerales críticos, tecnología y defensa.

La presión de Trump cambió la estrategia canadiense

Durante décadas, la economía canadiense estuvo fuertemente integrada con la estadounidense. Esa relación comenzó a ser reconsiderada a partir de las políticas comerciales impulsadas por Trump.

La dependencia sigue siendo muy elevada: alrededor del 70% de las exportaciones canadienses tienen como destino Estados Unidos. Para Ottawa, esa concentración representa una vulnerabilidad frente a eventuales cambios en la política comercial de Washington.

Las nuevas medidas arancelarias estadounidenses y la respuesta de Canadá incrementaron la presión sobre sectores como el acero, la madera y la industria automotriz.

El gobierno de Carney busca ahora ampliar los mercados para los productos canadienses y aumentar las inversiones provenientes de otras regiones.

Europa ocupa un lugar central en esa estrategia.

Canadá quiere profundizar su relación con la Unión Europea

El acercamiento no parte de cero. Canadá y la Unión Europea ya cuentan con el Acuerdo Económico y Comercial Global (CETA), firmado en 2016 y aplicado provisionalmente desde 2017.

El acuerdo elimina o reduce aranceles para la gran mayoría de los productos comercializados entre ambos mercados. Sin embargo, algunas partes todavía no están plenamente vigentes porque el tratado no fue ratificado por todos los Estados miembros de la UE.

Ahora Ottawa pretende ir más allá.

Las conversaciones incluyen la posibilidad de profundizar la cooperación en minerales críticos, energía, inteligencia artificial, infraestructura, defensa, investigación y movilidad profesional. También está en negociación un acuerdo específico sobre comercio digital.

Una propuesta inédita: Canadá como “miembro asociado”

La dimensión política del acercamiento quedó expuesta este miércoles, cuando la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, planteó la posibilidad de abrir la puerta para que Canadá se convierta en el primer “miembro asociado” de la Unión Europea.

La propuesta fue formulada durante el discurso anual de von der Leyen ante el Parlamento Europeo y recibió una respuesta positiva de Carney.

No se trataría de una adhesión tradicional a la Unión Europea. Canadá tampoco está solicitando convertirse en un Estado miembro del bloque.

La idea apunta a crear una relación institucional excepcionalmente estrecha, con cooperación en áreas estratégicas.

Sin embargo, la propuesta todavía está lejos de convertirse en un acuerdo concreto. Algunos gobiernos europeos consideran que el camino más realista consiste en aprovechar mejor los instrumentos que ya existen, especialmente el CETA, antes que crear una nueva categoría institucional.

Defensa y seguridad: otro punto de acercamiento

La relación entre Canadá y Europa también se está fortaleciendo en materia de defensa.

Canadá se convirtió en el primer país no europeo en participar en SAFE, el mecanismo de la Unión Europea destinado a financiar adquisiciones conjuntas de equipamiento militar.

El acercamiento tiene además una dimensión estratégica por la guerra en Ucrania, la seguridad del Ártico y la necesidad de que los países occidentales desarrollen capacidades propias en áreas consideradas sensibles.

Para Ottawa, Europa no representa únicamente una alternativa comercial. También constituye un grupo de socios con intereses similares en seguridad, tecnología, energía y materias primas estratégicas.

Europa también tiene razones para acercarse a Canadá

El interés no es unilateral.

La Unión Europea busca garantizar el acceso a minerales críticos, energía y materias primas necesarias para sus industrias y para la transición energética.

Canadá, por su parte, posee importantes recursos naturales y pretende desarrollar nuevos mercados para sus exportaciones.

A esto se suma la afinidad política entre Canadá y buena parte de los gobiernos europeos en cuestiones como cooperación multilateral, cambio climático y defensa del sistema internacional basado en reglas.

Un giro que no implica romper con Estados Unidos

El acercamiento a Europa no significa que Canadá pueda reemplazar rápidamente al mercado estadounidense.

La distancia geográfica, las cadenas de suministro integradas durante décadas y el peso de Estados Unidos en el comercio canadiense hacen que una diversificación completa sea un proceso complejo.

De hecho, más del 90% de las exportaciones canadienses de petróleo y gas todavía tienen como destino Estados Unidos, según datos citados recientemente por medios europeos.

Por eso, el gobierno canadiense presenta la estrategia como una forma de reducir la vulnerabilidad y ampliar sus opciones, más que como una ruptura con Washington.

La cumbre de octubre será una instancia clave

Canadá y la Unión Europea tienen previsto avanzar en nuevos acuerdos durante la próxima cumbre bilateral que se realizará en Montreal en octubre.

El objetivo será transformar el acercamiento político en medidas concretas en materia de comercio, inversión, energía, tecnología y seguridad.

El resultado de esas negociaciones determinará hasta dónde puede llegar el giro canadiense hacia Europa.

Por ahora, la tensión con Trump está produciendo un efecto evidente en la política exterior de Ottawa: Canadá está buscando reducir su dependencia de Estados Unidos y construir una red más amplia de socios, con la Unión Europea como uno de sus principales aliados potenciales.

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