Por qué las grandes petroleras de EE.UU. quedaron afuera del “mayor acuerdo petrolero de la historia” con Venezuela

0
fea6a150-b088-11f1-b09c-c9b23e0aae33.jpg

El pacto anunciado por Donald Trump y Delcy Rodríguez contempla el desarrollo de 17 yacimientos con unos 65.000 millones de barriles de reservas. Sin embargo, ExxonMobil y ConocoPhillips no participan y Chevron mantiene un acuerdo separado. El factor determinante sería el elevado riesgo político y jurídico que todavía existe en Venezuela.

El acuerdo petrolero anunciado a fines de agosto por el gobierno de Donald Trump y la administración interina de Delcy Rodríguez fue presentado como el “mayor acuerdo petrolero de la historia”. El proyecto contempla el desarrollo de 17 yacimientos venezolanos que concentran unos 65.000 millones de barriles de reservas probadas, equivalentes a alrededor del 21,5% de las reservas del país.

Sin embargo, detrás del anuncio aparece una particularidad que llamó la atención del mercado energético: las principales petroleras estadounidenses no forman parte del proyecto.

Ni ExxonMobil ni ConocoPhillips, dos de las compañías con mayor capacidad financiera y tecnológica del sector, aceptaron participar directamente. Chevron, la única gran petrolera estadounidense que mantiene operaciones relevantes en Venezuela, también quedó fuera del acuerdo específico y negoció por separado su propio plan de expansión.

Una empresa poco conocida quedó al frente de los yacimientos

Los 17 campos incluidos en el acuerdo serán desarrollados por North American Blue Energy Partners (Nabep), una compañía registrada en Barbados cuya presencia internacional es mucho más limitada que la de las grandes petroleras estadounidenses.

Según los términos anunciados, el gobierno de Estados Unidos tendrá una participación del 35% en Nabep y contará además con un derecho preferencial para comprar hasta el 20% de la producción a precio de costo.

La empresa calcula que el proyecto podría requerir una inversión cercana a US$100.000 millones, una cifra similar a la que Trump había mencionado en enero, cuando reunió en la Casa Blanca a ejecutivos de las principales petroleras estadounidenses para intentar convencerlos de invertir en la recuperación de la industria venezolana.

La magnitud del proyecto contrasta con la dimensión de Nabep. El abogado venezolano José Ignacio Hernández, citado por BBC Mundo en un análisis del Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales (CSIS), señaló que los campos bajo su control representarían varias veces las reservas de grandes petroleras estatales latinoamericanas.

¿Por qué ExxonMobil y ConocoPhillips no entraron?

La explicación no parece estar relacionada con la falta de capital o de tecnología. De hecho, ExxonMobil y ConocoPhillips tienen una capacidad financiera y operativa muy superior a la de Nabep.

El problema es el riesgo.

Durante décadas, Venezuela atravesó cambios regulatorios, nacionalizaciones, conflictos contractuales y una profunda crisis institucional. Para compañías que deben responder ante accionistas, organismos reguladores y mercados internacionales, esos antecedentes tienen un peso considerable.

En enero, el CEO de ExxonMobil, Darren Woods, había advertido que las condiciones jurídicas y comerciales existentes en Venezuela hacían que el país no fuera, en ese momento, un destino viable para nuevas inversiones sin cambios importantes en el marco legal y garantías permanentes para los inversores.

ConocoPhillips, por su parte, señaló que continúa evaluando oportunidades en Venezuela, pero remarcó que cualquier decisión dependerá de factores como la estabilidad económica y regulatoria, la seguridad, el respeto del Estado de derecho y la competitividad del mercado. También puso sobre la mesa la necesidad de resolver las deudas pendientes derivadas de antiguas expropiaciones.

Las heridas de las expropiaciones todavía pesan

El antecedente más importante se remonta a la etapa de Hugo Chávez.

En 2007, el gobierno venezolano impulsó una serie de nacionalizaciones y modificó las condiciones de operación de grandes proyectos petroleros en la Faja del Orinoco. ExxonMobil y ConocoPhillips abandonaron entonces el país y recurrieron a mecanismos de arbitraje internacional.

En el caso de ConocoPhillips, un tribunal arbitral determinó en 2019 que Venezuela debía pagar alrededor de US$8.700 millones por las inversiones expropiadas.

ExxonMobil también obtuvo decisiones favorables en procesos arbitrales y reclamó una indemnización de alrededor de US$984,5 millones. Según las estimaciones citadas por BBC Mundo, Venezuela habría pagado al menos US$907 millones de esa última obligación, mientras que ConocoPhillips continúa intentando cobrar parte de los montos reconocidos.

Por eso, para estas compañías, regresar a Venezuela no implica simplemente evaluar cuánto petróleo hay disponible. También supone determinar qué garantías existen para evitar que una nueva inversión termine enfrentando un escenario similar.

Chevron eligió un camino diferente

Chevron constituye una excepción dentro de las grandes petroleras estadounidenses.

La compañía mantiene presencia en Venezuela y firmó un acuerdo separado para aumentar su producción hasta aproximadamente 600.000 barriles diarios durante los próximos cinco años, con una inversión estimada en US$7.000 millones.

Pero hay una diferencia relevante: según la información publicada por BBC Mundo, ese desembolso provendría de las propias ganancias generadas por las operaciones de Chevron en Venezuela y no de una nueva inyección masiva de capital externo.

Es decir, Chevron está aumentando su exposición al país, pero lo hace bajo una estructura diferente de la que plantea el acuerdo Trump-Rodríguez con Nabep.

Venezuela necesita inversiones gigantescas

El dilema se explica también por el estado de la industria venezolana.

El país posee las mayores reservas probadas de petróleo del mundo, superiores a los 300.000 millones de barriles, pero su producción se encuentra muy por debajo de los niveles alcanzados antes de la crisis.

Venezuela llegó a producir más de tres millones de barriles diarios en 1998. Para recuperar una capacidad cercana a ese nivel, el académico Luis Pacheco, del Instituto Baker de la Universidad Rice, estimó que serían necesarios alrededor de US$100.000 millones durante ocho años.

El problema es que el Estado venezolano no dispone de esos recursos. Por eso, la recuperación depende necesariamente de grandes inversiones privadas y extranjeras.

Y allí aparece la contradicción del acuerdo: Venezuela necesita a las grandes petroleras para reconstruir su industria, pero esas mismas compañías consideran que todavía existen demasiados riesgos para comprometer inversiones de largo plazo.

El riesgo político es clave

Las inversiones petroleras no se recuperan en meses. Los grandes proyectos pueden necesitar una década o más para alcanzar plena madurez.

Por eso, las compañías deben evaluar no solamente las condiciones actuales sino también qué ocurrirá dentro de cinco, diez o quince años.

El escenario venezolano continúa siendo incierto. El gobierno de Delcy Rodríguez es interino y la situación política puede modificarse. También existe incertidumbre sobre cuánto tiempo permanecerán alineados los intereses de Washington y Caracas.

Analistas citados por BBC Mundo advierten que un eventual cambio político en Venezuela o un cambio de administración en Estados Unidos podría modificar las condiciones bajo las cuales se realizaron los acuerdos actuales.

Para una empresa petrolera que debe comprometer miles de millones de dólares durante décadas, esa incertidumbre representa un riesgo significativo.

También hay dudas jurídicas

Otro elemento que puede explicar la ausencia de ExxonMobil y ConocoPhillips es el marco legal.

El acuerdo sobre los 17 yacimientos fue estructurado sin una licitación pública tradicional y bajo mecanismos vinculados a la denominada Ley Antibloqueo.

Además, existen cuestionamientos de especialistas sobre la duración de las concesiones, las facultades otorgadas a los participantes y la posibilidad de que futuros gobiernos venezolanos cuestionen o renegocien los contratos.

La legitimidad y las facultades del gobierno interino de Rodríguez para comprometer activos petroleros durante períodos extremadamente prolongados también constituyen un interrogante.

No existe consenso jurídico sobre todos estos aspectos, pero para las grandes compañías la sola posibilidad de que un contrato pueda ser cuestionado en el futuro constituye un factor que debe ser incorporado al cálculo de riesgo.

El factor Alejandro Betancourt

A la incertidumbre política y jurídica se suma otro elemento: Nabep está dirigida por el empresario venezolano Alejandro Betancourt.

Betancourt ha estado relacionado con investigaciones y controversias en distintos países, aunque sus abogados han señalado que nunca fue formalmente acusado de delitos en esos procesos.

Para una gran petrolera internacional, asociarse con una empresa y con un empresario sometido a ese nivel de escrutinio puede generar riesgos adicionales de cumplimiento normativo y reputación. Las grandes compañías cuentan con departamentos especializados que deben evaluar precisamente este tipo de cuestiones antes de comprometer capital.

La paradoja del acuerdo

El escenario plantea una paradoja.

El gobierno de Trump necesita inversión privada para recuperar la producción venezolana, mientras que las compañías con mayor capacidad para realizar esas inversiones todavía consideran insuficientes las garantías existentes.

Nabep, en cambio, aceptó asumir el papel central en el proyecto.

Algunos analistas citados por BBC Mundo consideran que, por la magnitud de los yacimientos, Nabep podría necesitar eventualmente asociarse con compañías de mayor escala para aportar capital, tecnología y experiencia operativa.

En ese escenario, ExxonMobil, ConocoPhillips u otras grandes petroleras internacionales podrían terminar participando indirectamente, pero exigirían conocer con precisión las reglas, el régimen fiscal, los derechos sobre los proyectos y los mecanismos para resolver controversias antes de comprometer inversiones de largo plazo.

Así, el verdadero desafío del denominado “mayor acuerdo petrolero de la historia” no parece ser encontrar petróleo. Venezuela tiene enormes reservas.

El desafío es conseguir que las compañías que poseen el capital y la tecnología necesarios consideren que las condiciones políticas, jurídicas y económicas son suficientemente estables como para invertir miles de millones de dólares durante décadas.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Copyright © All rights reserved. FRANCO CONTI | CoverNews by AF themes.